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Propuesta educativa

Imagen3.png Nuestra MISIÓN es colaborar con las familias en el proceso de educación integral de sus hijos, propiciando el desarollo de sus capacidades desde la visión cristiana de la persona, del mundo y de la vida, inspirada en San Enrique de Ossó y apoyada en los pilares de la interioridad, solidaridad y comunidad.

Nuestra PROPUESTA EDUCATIVA TERESIANA se apoya en cuatro líneas maestras, ejes de nuestra acción educativa diaria:


1. Educamos educándonos desde una comunidad que va aprendiendo a relacionarse en congruencia con los fines de la educación que pretende.
Abierta a la realidad, con una mirada positiva, capaz de reconocer los valores existentes.
Priorizando a la persona, desde el reconocimiento de su hermosura y dignidad.
Con opciones claras por la transformación social hacia la equidad, reciprocidad, inclusión, solidaridad.
Reflexionando sobre su práctica, con reflexión e investigación.
En conversión continua, desde abajo y desde dentro.
Buscando y vinculándose con otros/as.
Trabajando en equipo con visiones compartidas y formando redes.
Relacionándose desde principios éticos.
  
 
2. Educación para la formación de personas, hombres y mujeres
            sujetos de encuentro
formadas integralmente: mente y corazón; capacidad crítica y compasión, corresponsabilidad y cooperación; sabiduría y saber instrumental.
            Transformadores sociales:
ciudadanos enraizados en la propia cultura con apertura al mundo global,
conscientes de su identidad y pertenencia,
creadores de cultura solidaria y de paz.
 
 
3. Educación para vivir y conformar sociedades
plurales, interculturales, democráticas, inclusivas y solidarias
formadas en el diálogo, la aceptación de diversidades, la relación intercultural,
la participación corresponsable y la colaboración
la no violencia, la resolución de conflictos, el perdón y la reconciliación.
 
 
4. Educación para formar Iglesia,
comunidad de discípulos de Jesucristo,
que le sigue por el camino de las bienaventuranzas,
dejándose iluminar por su Palabra, alimentándose de Eucaristía,
y se va haciendo pobre y solidaria por la compasión con el sufrimiento
que lleva a despojarse de sí y al amor que la redime,
a conocer y amar a Jesucristo y hacerle conocer y amar por todos/as.
Formada para el trato de amistad,
el descubrimiento de su interioridad
y la comunión con Dios presente en la historia y
sentido último de la vida.